jueves, 12 de noviembre de 2009


Subí las inclinadas escaleras hacia ese salón feo, caluroso y sin vida. Por fin había pisado el colegio después de unos cuantos días. Todos hablaban, hasta que la profesora, antipática, con cara depresiva y sin ganas, tomó lista. Como es de costumbre, nuestro trabajo estaba mal, ¡ que ganas de arruinarme el día que tiene la vieja calzonuda ! Lo único que me quedaba por hacer era escuchar a mis presiados compañeros que tanto los odio, dar lección. Mientras trataba de escuchar lo que decían, pensaba en porqué el estante de abajo del banco estaba tan flojo, lo podía mover con un dedo. Me imaginada la próxima salida con amigas. Se me vino a la cabeza ese olor a cigarrillo que hay en los boliches. Y ese cosquilleo que siento en los pies cuando me subo a los bafles con mis amigas, es tan fuerte el volumen de la música, que me da esa sensación. Luego de escuchar al otro grupo que hablaban sobre las drogas, me dieron ganas de ir al mirador y ver a un par de loquitos drogarse jaja, sentarme y empezar a cortar el césped sin sentido alguno, y hablar con mi amiga de tonterías. Salí de ese salón indignada y con bronca, subí al colectivo. Estaba el chofer con cara de loco, cara de sufrido, vaya a saber uno que le habrá pasado. Le pedí un boleto secundario y me sente en el asiento del medio. Contaba las cuadras que faltaban hasta mi casa y pensaba en que hermoso estaba el día. Se acercaba la parada donde me tenía que bajar, "en esta" le dije al colectivero, el cual volvió a mirarme con cara de loco. ¡ Que día el mío !

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